Empezar sin saber qué quieres que haga la web
Muchos encargos empiezan igual: necesito una web. Y ya. Sin decir para qué. Pero una página pensada para que te llamen no se parece nada a una que vende productos, ni a una que solo enseña el catálogo a quien ya te conoce.
Antes de pedir presupuesto, escribe en dos líneas qué quieres que haga una persona al entrar. Que te llame, que reserve mesa, que te escriba por WhatsApp, que vea precios. Con esa respuesta cambia el diseño entero, no solo los colores.
- ¿Quién va a entrar en tu web y qué está buscando?
- ¿Qué quieres que haga antes de irse?
- ¿Cómo te llegan hoy los clientes y qué se atasca en ese camino?
Comparar presupuestos mirando solo el número grande
Dos presupuestos de 400 y de 900 euros pueden ser lo mismo o dos cosas muy distintas. Lo que marca la diferencia no es la cifra, sino qué entra dentro: dominio, alojamiento, correo, textos, fotos, formulario, avisos legales y los cambios de después.
Pide siempre que te desglosen qué incluye el primer año y qué se paga a partir del segundo. La sorpresa típica llega doce meses más tarde, con una renovación que nadie te había explicado y que descubres cuando la web se cae.
Y una cosa que no nos favorece decir: a veces lo barato sale bien. Si tu negocio necesita una página muy sencilla y tienes tiempo para montarla tú con una plantilla, adelante. El problema no es pagar poco, es no saber qué estás comprando.
Que el dominio y los accesos no estén a tu nombre
Este es el error que más caro sale. El dominio tiene que estar registrado a tu nombre, con tus datos como titular. Si figura a nombre de quien te hizo la web y un día decides cambiar, empieza una negociación por algo que ya habías pagado.
Pide por escrito la titularidad del dominio y que te entreguen los accesos: panel de la web, alojamiento, correo y la analítica si la hay. No hace falta que sepas usarlos hoy. Hace falta que los tengas guardados.
Cualquier profesional serio te lo da sin poner mala cara, porque es lo normal. Si al preguntarlo notas evasivas o te dicen que ya lo llevamos nosotros, con eso ya tienes bastante información.
Aceptar una web que no puedes tocar
Cambiar un precio, subir la foto del menú nuevo o corregir el horario de agosto no debería costar dinero ni tres correos de ida y vuelta. Y sin embargo pasa mucho: cada modificación pequeña se convierte en una factura o en una semana de espera.
Antes de firmar, pregunta cómo se editan los textos y las fotos, y pide que te lo enseñen en pantalla con la web ya montada. Si la respuesta es que ya nos lo dices y lo hacemos nosotros, asume que vas a depender de ellos siempre.
Dicho esto, hay negocios que no van a entrar nunca al panel y les da igual. Si es tu caso, no pagues de más por un editor completo, pero asegúrate al menos de que los cambios pequeños del año están incluidos por escrito.
Descuidar el móvil, la velocidad y lo legal
La mayoría de la gente te va a mirar desde el móvil, muchas veces por la calle y con prisa. Si el teléfono no se ve a la primera, si hay que hacer zoom para leer la dirección o si la página tarda cinco segundos en cargar, se van a otra.
Pide ver el diseño en tu propio teléfono antes de dar el visto bueno. En el tuyo, no en el ordenador grande del que te la está vendiendo. Y prueba a llamar desde la web y a enviarte el formulario a ti mismo para comprobar que llega.
Lo legal tampoco es opcional, aunque tengas un bar de barrio:
- Aviso legal y política de privacidad con tus datos reales.
- Aviso de cookies solo si de verdad usas cookies que lo exigen.
- Una frase clara de qué haces con los datos que te dejan en el formulario.
Creer que la web sola te va a traer clientes
Esto va contra nuestro propio interés, pero es la verdad: una web recién publicada no aparece por arte de magia en Google ni te llena la agenda. Es tu escaparate y tu tarjeta de presentación. Lo que la hace funcionar es que la uses.
Enlázala en tu ficha de Google, en el perfil de Instagram, en la firma del correo y en el cartel del local. Y mantén al día lo que cambie. Una web con el horario de hace dos años y un teléfono viejo resta más de lo que suma.
Desconfía de quien te prometa el primer puesto en Google en un mes. Nadie puede garantizar eso. Quien lo garantiza casi siempre está vendiendo otra cosa distinta de la que te cuenta.
Cómo elegir sin llevarte sustos
Resumiendo, antes de firmar pide cuatro cosas por escrito: qué incluye exactamente, quién es el titular del dominio, cuándo estará lista y qué se paga a partir del segundo año. Con esas cuatro respuestas te ahorras casi todos los disgustos.
Por si te sirve como referencia para comparar, nosotros lo tenemos en 500 euros más IVA, en un pago único, con dominio, alojamiento, mantenimiento y soporte del primer año incluidos. A partir del segundo año son 150 euros más IVA al año, voluntarios y de renovación manual, nunca un cobro automático.
Compara con calma, pregunta todo lo que no entiendas y no firmes con prisa. Si quieres contarnos tu caso y ver si te encaja, tienes el teléfono y el WhatsApp: 674 328 977. Sin compromiso.
Si quieres que te lo montemos nosotros, cuéntanoslo y lo vemos sin compromiso: pide tu web o escríbenos por WhatsApp. Y si te apetece seguir leyendo, aquí tienes cuánto se tarda en hacer una web.